Desde abril del presente año, el G20 trata de consolidarse como el foro de discusión autorizado para dar respuesta a la Crisis Global. Asimismo, el FMI ha resucitado para colocar sus préstamos en todo el mundo. Es decir, los países del norte, quienes originaron la crisis, persisten en mantener su hegemonía, a pesar de ser las economías más endeudadas, en perjuicio de los pueblos del sur que se ven afectados por el carrusel financiero de los grandes bancos mundiales y de la extracción de sus recursos naturales.
Ante esta realidad LATINDADD considera:
1. Que no hay voluntad de los líderes políticos mundiales para impedir que la especulación siga definiendo los precios mundiales. Los paraísos fiscales siguen operando y hasta hoy los banqueros responsables de la peor crisis de la economía global de los últimos años no han pagado por su responsabilidad.
2. El G20 y el FMI al igual que todas instituciones financieras internacionales pretenden paralizar las medidas necesarias para cambiar de modelo, señalando engañosos indicadores de recuperación, que se basan en el mismo juego especulativo que trajo abajo el sistema.
3. En un periodo de transición como el que atraviesa la economía global desde el 15 de septiembre con la caída de Lehmman Brothers, somos conscientes de que los cambios no van a ser productos de acuerdos políticos, más bien vendrán marcados por nuevos sucesos económicos. En tal sentido, la organización de las Naciones Unidas constituye el foro más amplio y representativo para dar una salida a la crisis global, teniendo en consideración a la población más excluida y pobre del planeta.
4. Si bien, desde hace años, el movimiento mundial de la deuda viene exigiendo una nueva arquitectura financiera internacional, la auditoría de la deuda, y el repudio de todos los actos de corrupción y abuso en el manejo de las finanzas globales, el G20 se ha atribuido la potestad de liderar la discusión sobre una nueva arquitectura financiera internacional, que ni siquiera toma en cuenta los avances que se han dado en la propia Conferencia de NNUU sobre la crisis y su impacto en el desarrollo, mucho menos los aportes de la sociedad civil. Poniendo en riesgo la oportunidad de crear una nueva arquitectura financiera que responda al Buen Vivir de nuestros pueblos.
5. La discusión mundial tiene el sesgo de la regulación financiera y no está considerando a las miles de millones de personas que son impactadas. Basta señalar que la mayoría de países del sur, entre ellos los de América Latina, están afrontando retos fiscales enormes ante la caída de la demanda externa que en la mayoría de casos fue la alternativa impuesta cuando nos obligaron a dejar atrás los procesos de industrialización reprimarizando nuestras economías. Esta caída en la recaudación tributaria afecta directamente el presupuesto público para los sectores sociales y nos hace recurrir nuevamente al círculo vicioso de la deuda externa, del cual aún muchos países no han salido.
6. Y a pesar que el FMI estaba deslegitimizado por ser incapaz de ejercer funciones de supervisión adecuadas para evitar la crisis, ahora viene con la misma ideología de ajustes fiscales y aperturas comerciales. Es decir, las mismas condicionalidades en un mundo que requiere un nuevo paradigma de desarrollo económico, social y ambiental. Siguen utilizando el mecanismo de los Derechos Especiales de Giro (DEG), los mismos que tienen problemas de acceso y legitimidad.
7. La propuesta del G20 de distribución "más equitativa" destinando el 5% de la votación hacia países emergentes aun no garantiza una participación más equitativa de nuestros países,
8. El aparente avance discursivo sobre mayor supervisión, mayor regulación, y cambio de reglas de las finanzas, en los debates internacionales, queda en nada, pues hasta hoy no se hace realidad. Y los mercados de derivados siguen completamente desligados de la producción mundial.
Por todo ello, LATINDADD demanda:
1. La moratoria del servicio de la deuda de los países del sur durante el 2010, con la finalidad de atender sectores productivos y sociales: agricultura interna, educación, salud, seguridad social, etc. y financiar el Buen Vivir de los pueblos. Incluso el FMI debe donar DEG a los países del sur.
2. La atención a los efectos de las múltiples crisis debe ser afrontada con transferencias sin condicionalidades como reparación por los daños causados
3. La realización de auditorías de las deudas externas e internas, y de las instituciones financieras internacionales.
4. La imposición de cláusulas de equidad y corresponsabilidad en los nuevos endeudamientos, construyendo la legalidad planteada por la Plataforma sobre Financiamiento Democrático, Soberano y Responsable que señala que:
∙ Los países se comprometan a otorgar préstamos que sean utilizados en proyectos de desarrollo sostenible, salvaguardando los derechos humanos.
∙ Los países se comprometen a respetar la soberanía de otros países para la determinación de sus políticas de desarrollo.
∙ Las responsabilidades del pago de la deuda no deben impedir a los países hacerse cargo de su deuda social con sus ciudadanos.
∙ Las transacciones deben ser transparentes y los contratos de conocimiento público disponible para cualquier tipo de escrutinio
∙ Se debe visibilizar la deuda ecológica, generada por los países del norte, y de la cual somos acreedores.
5. Una mayor y mejor reglamentación financiera internacional y una efectiva supervisión multilateral, para lo cual se debe: ampliar el alcance de las medidas de reglamentación y supervisión de instrumentos y actores financieros, a través de un nuevo mecanismo financiero multilateral; promover una coordinación de políticas fiscales, monetarias y cambiarias entre los países para lograr una integración financiera regional; y establecer regulaciones internacionales para limitar la volatilidad de las entradas de capital extranjero a fin de que no afecten el sistema financiero nacional.
6. Una redistribución equitativa de los recursos basada en la Justicia Tributaria, para lo que es indispensable: revisar los acuerdos de libre comercio y de protección e inversiones; incrementar la presión tributaria sobre los sectores con mayores recursos de modo que el aumento de la recaudación sea revertida hacia los sectores sociales más desatendidos; impulsar reformas fiscales centradas en mayores impuestos para quiénes más renta generan, reduciendo los impuestos indirectos; eliminar los paraísos fiscales y los privilegios tributarios brindados a la inversión extranjera directa.
7. Un nuevo sistema de pagos y reservas internacionales que reduzca la dependencia del dólar y acabe con las distorsiones del comercio intrarregional y de precios a nivel global que incluye: un nuevo sistema de reservas a nivel global que reemplace al actual, basado en una canasta de monedas nacionales de reserva con la participación de todos los países. Pudiendo empezar aplicándose a los Derechos Especiales de Giro (DEG). Este nuevo sistema debe ser complementario con otros acuerdos regionales, tales como el Sistema Único de Compensación Regional (SUCRE) acordado por los países que forman parte de la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA).
8. Una nueva arquitectura financiera regional que tienda a reducir la intervención de las IFIS en las políticas nacionales; que promueva la reforma del régimen de gobernanza mundial, dando lugar a instituciones financieras y bancos de desarrollo, como el Banco del Sur, más democráticos, representativos y sin condicionalidades; y como Unidad Monetaria Sudamericana (UMS).