Ni para bien ni para mal. A un año de la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio con EEUU, aún no pueden verse sus impactos en nuestro país. Esa es una de las principales conclusiones de los panelistas que participaron la noche del jueves en el foro “¿Qué pasó a un año del TLC?”, organizado por la Red por una Globalización con Equidad. Otra conclusión importante es que no existe una visión de conjunto acerca del efecto neto que tendrá la suma de acuerdos que el Perú está firmando. Pese a ello, el Gobierno continúa con su estrategia de apertura comercial, ha firmado cinco nuevos tratados y aún hay al menos cuatro en negociación.
Negociando a ciegas
El economista Alan Fairlie señaló con preocupación que no existe ningún estudio que proyecte los potenciales efectos netos del conjunto de estos tratados. Esto es grave considerando que los sectores “ganadores” y “perdedores” varían de acuerdo al país con que se negocia, y el sector que se ve beneficiado con un TLC puede terminar siendo perjudicado con otro. Por ejemplo, en el caso de EEUU los productos “sensibles” son los agrícolas de consumo interno, como el maíz, el trigo y el arroz, mientras que los textiles son productos con oportunidades de crecimiento. Con el TLC con China, en cambio, los textiles son precisamente los probables perjudicados. Pese a no haber ni un sólo estudio que analice los efectos de conjunto de estos 11 TLC, el Gobierno insiste con firmar cuantos sea posible.
Fairlie hizo notar que, pese a que la propaganda oficial pro-TLC prometía el “regionalismo abierto”, es decir una apertura comercial que no perjudicara la integración sudamericana, el resultado real ha sido que ésta ha resultado dañada. Como ejemplo, puso la situación actual de la Comunidad Andina (CAN) que ha quedado debilitada luego de que Venezuela salió mientras Perú y Colombia continúan buscando TLCs, Bolivia los denuncia y Ecuador tiene una postura ambigua.
En otro momento, Fairlie advirtió que el reciente TLC con China “blinda” las inversiones de dicha potencia asiática. Ello es peligroso en un contexto de crecientes inversiones mineras que muchas veces no respetan los derechos laborales ni ambientales, como las de Río Blanco (Zijin), Shougang o Morocoha (CHINALCO). Esta es una fuente de posibles conflictos en el futuro, pero con el TLC el Estado peruano se ata de manos al comprometerse a “proteger” dichas inversiones.
No se siente
Los panelistas coincidieron en que, por diversos motivos, aún no se sienten los efectos del TLC con EEUU ni en un sentido ni en otro. Reinaldo Trinidad, de la revista Agronoticias, recordó que el Gobierno de Toledo, a través de las presiones de última hora del entonces premier Kuczynski, cedió en todas las pretensiones de EEUU aceptando que ingresen a nuestro país sin arancel productos subsidiados, contra los principios del propio libre mercado. Afortunadamente, en productos como la cebada aún nuestro mercado no se ha visto inundado. Por su parte el economista de ADEX, Carlos González, revisó estadísticas señalando que en el marco de la crisis, nuestras exportaciones han caído a pesar del TLC. Además, demostró que han caído mucho más que las de otros países, debido a que nuestra estructura productiva está basada en materias primas y no en manufacturas. También precisó que casi ningún exportador de la micro y pequeña empresa se está acogiendo a las facilidades del TLC.
Ambos señalaron que a pesar de los discursos del Gobierno acerca de la “agenda interna”, no se ha avanzado en los temas de productividad, diversificación productiva, cadenas productivas. Trinidad remarcó que “no hay absolutamente preparación alguna para las comunidades campesinas y no se ha desembolsado ni un sol de los programas de compensación para el agro”.
Por su parte, Julio Gamero, profesor de la UNI, mostró cómo se ha avanzado muy poco en lo laboral, a pesar de que las addendas al TLC con EEUU exigen que se garantice derechos como la libertad de sindicalización, la negociación colectiva y condiciones “aceptables” de salario y jornada laboral. Gamero explicó que en los últimos años ha subido la tasa de empleo pero ha caído el número de trabajadores sindicalizados, que ha pasado de más de 100 mil a 93 mil. Sólo cinco de las 1500 empresas agroexportadoras cuentan con un sindicato. Además, el salario mínimo sigue estancado a pesar de que el PBI per cápita ha crecido en 143% en los últimos 10 años.
Finalmente, Lucila Pautrat, de la Sociedad Peruana de Ecodesarrollo (SPDE) expuso cómo, a pesar de la addenda forestal del TLC que exige el la protección de los bosques frente a la tala ilegal, el Gobierno no ha asignado a la Dirección General Forestal ni siquiera el 30% del presupuesto que ésta ha calculado que necesita para cumplir el acuerdo. Por ejemplo, aún no se han implementado los sistemas de trazabilidad que permitirían verificar el origen legal de la madera. En cambio, el Gobierno sí se ha preocupado de aprovechar la implementación del TLC para aprobar una serie de decretos para cambiar el régimen de las tierras forestales para promover en ellas la realización de diversas actividades económicas y extractivas, lo que derivó en el conflicto indígena del 2009.
El dato: TLCs aprobados y por venir
Aprobados: EEUU, Chile, China, Unión Europea, Tailandia, Singapur, Canadá.
En negociación: Corea, Japón, Tailandia y EFTA.